Von Michel Suárez
für Salsa-Munich
(Übersetzung: Agnes Hielscher)
Augusto Enríquez und seine
Mambo-Band: ¿Carambola?

Der kubanische Sänger und Liedtexter rückt von
seinem traditionellen Pop-Rock-Stil ab, und zählt nun - mit seiner
neuen CD – zu den Soneros und Boleristas der jüngsten Zeit.
Michel Suárez, Valencia
Augusto Enríquez konnte in seiner Musikkarriere nur wenige Treffer
wie den mit seiner neuesten CD-Produktion Carambola (Discos
Unicornio, 2001) landen, Gewinner der Preisverleihung Categoría
Antología de versiones im Rahmen der Feria Internacional
Cubadiscos 2002.
Nach langen Jahren der Irrwege inzwischen der nicht definierten
Musik der Band Moncada und des Pop-Rock-Stils, den er sich im
Alleingang zu eigen machte, scheint es nun, als hätte er den
Höhepunkt seiner Laufbahn erreicht.
Zusammen mit Moncada nahmen sie 1988 die zwei Alben „Fundar una
esperanza“ und „Moncada no come caimán y Mama-hué“ auf, bei denen
er durch seine charismatische Persönlichkeit Eindruck hinterließ.
Als Solist hatte er die Platten „Solo para mí“ und „Cuando yo sea
grande“ aufgenommen, die zwar in Kuba musikalisch gesehen ein
Erfolg waren, jedoch auf internationaler Ebene ein totaler
Mißerfolg.
Obwohl Augusto einer derjenigen Sänger/Texter ist, die am meisten
präsent waren bei internationalen Events in Havanna, Winnipeg,
Vancouver, Seattle, Montreal, San Remo London, Valencia, Berlin
und Rom – klar, nicht die Auftritte mit den Trovadores del
Santuario zu vergessen – blieb die Resonanz ziemlich begrenzt.
Seine Wette Anfang der 90er Jahre bezüglich des WEA Latina in Groß
Britannien verlor er trotz all der guten Absichten, aber die
Verträge wurden nicht verlängert.
Jedoch brach das neue Jahrtausend für Augusto ganz anders an,
nämlich mit dem Vorschlag, eine CD zu produzieren, die sich völlig
von seinen vorherigen Produktionen unterscheiden sollte. Keine
Suche mehr in Richtung Pop, keine weltweit standardisierten
Balladen mehr, kein Beharren mehr auf fremde Kodexe (was aber auch
keine Sünde ist, oder?), keine Versuche mehr, sich im Bereich Rock
and Roll krönen zu wollen. Er kehrte zu seinem wahren Ich zurück
und entdeckte sein Talent, um wieder in die Musikwelt
einzutauchen. Als Beweis hier nun die CD Carambola.
Das Album ist offensichtlich Benny Moré gewidmet, obwohl er sich
von der launischen Idee der Tribute, die vom Original abgeschaut
sind, distanziert. Augusto stammt aus der Zeit der besten
kubanischen Musik-Jahre, der 40er und 50er Jahre, als Ensembles
und Jazz Bands höhepunktartige Zeiten bezüglich Bekanntheitsgrad
auf nationaler und internationaler Ebene erlebten, und er nahm 14
Stücke neu auf, „auf seine Weise“ und die der Arrangeure.
Bei den ersten Akkorden erkennen wir gleich die meisterliche Hand
von Demetrio Muniz,
Dirigent und Bandleader einer 20 köpfigen Band, der es vermag, uns
– mit geschlossenen Augen – das musikalische Kuba von damals sehen
zu lassen. Muniz, der zum Initiator der wiedererweckten Klänge der
40er und 50er Jahre Kubas wurde, hat, zusammen mit seinem
Landsmann, Juan de Marcos González, die Aufgabe übernommen, uns
fünf Jahre später daran zu erinnern, daß diese in Vergessenheit
geratene Musik nach wie vor „in Takt“ ist.
Sein Mitwirken bei der CD „A Toda Cuba le gusta“ der Afrocuban All
Stars, mit dem außergewöhnlichen Arrangement von „Amor verdadero“,
hat ausgereicht, um uns sprachlos zu machen. Ihm genügte diese
Erfahrung jedoch nicht und er übernahm die Aufgabe, mit Ibrahim
Ferrer und Omara Portuondo zu produzieren, die mit ihrer Musik
unzählige von Zuhörern zu Tränen rührten.
Eben jener Demetrio Muniz teilt nun den Erfolg von Carambola mit
Augusto. Nun kehren die Goldenen Jahre der kubanischen Musik
wieder in die Ohren der ganzen Welt zurück, aber nicht auf
mechanische Art und Weise, sondern tiefgründig kreativ,
respektvoll, weise, künstlerisch und erfahren. Ein voller Klang,
schlichte Arrangements von Metall-Saiten – ohne schrille
Übertreibungen und unnötige jazzige Parts – umrahmt von
Klaviersoli und untermalt durch einen festen Grundrhytmus.
Genießen wir die klassischen Elemente in zeitgenössicher Umgebung.
Hierauf hatte die Art und Weise der Interpretation von Augusto
erheblichen Einfluß, die weder außerordentlich klangvoll noch
orthodox Bolero-mäßig ist, die es aber geschafft hat, „durch das
Nadelöhr“ zu dringen. Auf diese Weise rufen uns die Boleros „Inolvidable“,
„Fidelidad“, „Los aretes de la luna“, „Aquellos ojos verdes“, „Qué
te hace pensar“ ... Benny oder Vicentico Valdés ins Gedächtnis,
aber nur andeutungsweise, denn Augusto hat sie in seinem Stil
umgesetzt, ohne die deutlichen Spuren außer Acht zu lassen, die
sie bei den Zuhörern hinterlassen haben.
Son und Mambo entwickeln sich genau so. „Elige tú que canto yo“, „Bonito
y sabroso“, Pinar del Río, Santa Isabel de las Lajas ... sie alle
liefern Suchenden nützliches Material, obwohl von Maní picao y
Deja que suba la marea die Erwartungen am größten sind und Augusto
hat diesen Erfolg.
Carambola ist bei weitem mehr als ein Glückstreffer für Augusto
Enríquez. Hoffentlich kommt er nie wieder vom Wege ab. |
de Michel Suárez, Valencia
Augusto Enríquez y su Mambo Band: ¿Carambola?
El cantautor cubano deja a un lado su
tradicional tendencia pop rock para sumarse, con su nuevo disco, a
la legión de soneros y boleristas de los últimos años
Michel Suárez, Valencia
Pocas veces en su carrera profesional, Augusto Enríquez ha
acertado tanto, como en su más reciente producción discográfica
Carambola (Discos Unicornio, 2001), ganadora del premio en la
categoría Antología de versiones en la Feria Internacional
Cubadisco 2002.
Luego de largos años, extraviado entre la indefinición musical del
grupo Moncada y el pop rock asumido en solitario, parece haber
encontrado el cáliz de oro de su carrera.
Junto a Moncada, grabaría desde 1988 los álbumes Fundar una
esperanza, Moncada no come caimán y Mamá-hue, en los que impuso su
carismática personalidad. Como solista, había logrado grabar los
discos Solo para mi y Cuando yo sea grande, de relativo éxito en
el espectro musical de la Isla, pero calificados de rotundo
fracaso en el mercado internacional.
Si bien Augusto es uno de los cantautores que más se ha codeado en
festivales internacionales de La Habana, Winnipeg, Vancouver,
Seatle, Montreal, San Remo, Londres, Valencia, Berlín y Roma –claro,
sin contar a los trovadores del santuario-; su repercusión ha sido
bastante limitada. La apuesta emprendida en los primeros años de
los 90 por la WEA Latina de Gran Bretaña naufragó en un océano de
buenas intenciones y los contratos no fueron renovados.

Para Augusto, sin embargo, el nuevo siglo
amaneció diferente con la propuesta de un disco que se
diferenciaba, diametralmente, de sus producciones precedentes. Ya
no más búsquedas en dirección al pop o la balada de estándares
mundiales, no más insistencias en códigos ajenos (lo cual tampoco
es un pecado, ¿no?), ni intentos de coronarse rey en tierras del
rock and roll. Se volvió hacia su yo real y encontró talento para
relanzarse en el mundo de la música. Ahí está el CD Carambola para
demostrarlo.
El álbum está evidentemente dedicado a Benny Moré, aunque se
distancia de la veleidosa idea de los tributos calcados del
original. Augusto parte de la mejor música cubana de los años 40 y
50, donde conjuntos y jazz bands vivieron décadas orgásmicas de
difusión nacional e internacional, para recrear 14 piezas “a su
aire”, y al de los arreglistas.
Descubrimos en los primeros acordes la mano maestra de Demetrio
Muñiz, orquestador y director de una banda de 20 músicos, capaz de
hacernos ver –con los ojos cerrados- la Cuba musical de entonces.
Muñiz, convertido en artífice de los sonidos evocativos de los
años 40 y 50 cubanos, junto a su coterráneo Juan de Marcos
González, ya se había encargado de recordarnos cinco años atrás
que aquella música olvidada continuaba intacta. Sus incursiones en
el disco A Toda Cuba le gusta, de Afrocubans All Stars, con el
descomunal arreglo de Amor verdadero, eran suficientes para
dejarnos boquiabiertos. No le bastó esa experiencia y volvió a la
carga con las producciones de Ibrahim Ferrer y Omara Portuondo
para sacar las lágrimas a más de un melómano.
El mismo Demetrio Muñiz comparte con Augusto el éxito de Carambola.
Vuelven los años de oro de la música cubana a los oídos del mundo,
aunque no de una manera mecánica, sino profundamente creativa,
desde el respeto, la sapiencia, la academia y la empiria. Un
sonido compacto, de arreglos sencillos en la cuerda de metales –sin
estridencias ni fraseos jazzísticos innecesarios-, abrazado al
pianismo de los solos y los tumbaos.
Disfrutamos de clásicos en perspectiva contemporánea. En eso ha
influido bastante el timbre de Augusto, que no es ni sonero ni
bolerista ortodoxo, pero ha aprendido a colarse por el ojo de una
aguja. De ese modo, los boleros Inolvidable, Fidelidad, Los aretes
de la luna, Aquellos ojos verdes, Qué te hace pensar.... nos
remiten al Benny o a Vicentico Valdés, sólo referencialmente,
porque Augusto los ha traspolado a su estilo, sin dejar de
considerar la acentuada huella que tienen en el auditorio.
Los sones y mambos siguen idéntico camino. Elige tú que canto yo,
Bonito y sabroso, Pinar del Río, Santa Isabel de las Lajas...
están a los pies de quienes buscan versiones realmente aportativas,
aunque es en Maní picao y Deja que suba la marea donde se logran
las mayores expectativas y Augusto alcanza la plenitud.
Carambola es mucho más que un golpe de suerte para Augusto
Enríquez. Ojalá y no pierda más la ruta.
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